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  Alberto Barranco
Economía : Alberto Barranco  
30 de Julio de 2010  
 
 
 Agencia Mexicana de Información México DF  
 
   
 
 

Empresa Alberto Barranco

Se rajó el gobierno


 (AMI) Como lo habíamos anticipado en este espacio, finalmente el gobierno metió la reversa a 150 kilómetros por hora en su cruzada para combatir la obesidad infantil vía la restricción de los alimentos y bebidas expedidos en los planteles.

La fractura de lo que se perfilaba como el primer programa coherente, congruente y ordenado del actual sexenio, llegó por parte de la Secretaría de Educación Pública. Digamos que su titular, Alonso Lujambio, se desdibujó ante la presión de las empresas productoras de alimentos y bebidas.

A su vez, el secretario de Salud, José Ángel Córdova Villalobos, quien había declarado que el programa era prioridad del gobierno dadas sus repercusiones a futuro en el marco de la sanidad pública, se volvió testigo de piedra de los desfiguros de su colega.

El grotesco llegó al punto de desaparecer la lista de productos tabú que se había entregado el 26 de mayo pasado a la par de una larga larga exposición de motivos.

El esta se incluían, marcas al calce, todos los productos Marinela del grupo Bimbo, además de refrescos y bebidas con calorías o sin ellas.

De acuerdo al documento secuestrado por el terror, ningún niño podría alcanzar una ingesta superior a las 400 calorías, en un escenario en que el consumo promedio es de 500.

La lista de la discordia, cuyo punto débil era la mención de marcas como genéricas (Sabritas por papas fritas por ejemplo; Gansitos por pastelitos cubiertos de chocolate) hablaba de bebidas gaseosas con o sin calorías; jugos de frutas, yogurt para beber, palomitas de maíz con mantequilla; ensaladas de frutas, leche entera y saborizantes adicionados, además de verduras con alto contenido de sal.

En paralelo, se prohibía vender productos fritos, desde cacahuates hasta churritos, pasando por tacos, flautas, sopes, pellizcadas

El máximo calórico para un niño de preescolar sería de 217 a 240 calorías; de primaria de 275 a 290, y de secundaria de 362 a 400 en un escenario en que una sola bolsa de papas fritas alcanza 470.

Ahora que para completar el concierto, la Comisión Federal de Mejora Regulatoria (Cofemer), también hizo su parte al constreñir la consulta que abrió sólo a una de las partes, es decir las empresas, soslayando a los organismos de consumidores, las asociaciones de padres de familia y, naturalmente, a las instancias de salud pública.

En otro grotesco, la instancia que en el papel debía asumir un roll de estricta neutralidad integró un frente común con la Concamín, el Consejo de Empresas Productoras de Alimentos y Bebidas, conocida como ConMéxico y la Cámara Nacional de las Industrias Azucarera y Alcoholera, a la par de las firmas Coca Cola y Pepsi Cola, Sabritas y Gamesa, para destejer lo negociado previamente por la SEP y la SS.

El argumento mayor habla de una pérdida por parte de las empresas de 20 mil millones de pesos anuales ante la restricción para vender productos industrializados en las cooperativas escolares.

Según ConMéxico, sus agremiados dejarían de facturar 10 mil 600 millones; el Consorcio Mexicano de la Carne siete mil; el Consorcio Progresivo de Servicios Refresqueros cuatro mil 696; los integrados a la Cámara Nacional de la Industria Azucarera y Alcoholera cuatro mil 308, y la empresa Jumex en lo individual 40 millones.

Mucho dinero, pues, sólo por el capricho de no ver niños gordos.

Naturalmente, en su informe preliminar en que se desgarra las vestiduras por las empresas, la Cofemer no coloca en la balanza los gastos que tendrían las instituciones de salud pública al atender a futuro una catarata de enfermedades crónico-degenerativas como diabetes e hipertesión.

El documento de plano le exige a la Secretaría de Educación Pública replantear su análisis de costo-beneficio del anteproyecto planteado al organismo, cuyo cálculo original hablaba sólo de 420 millones de pesos.

Más aún, se recomienda eliminar el concepto de densidad energética, es decir el consumo de calorías por cada 100 gramos, lo que le abre la puerta a la pretendida opción de reducir las porciones de los productos, es decir minipapas, minipastelitos, minirefrescos

Que le hace si ahora se compran tres.

La paradoja del caso es que mientras el gobierno, a contrapelo de las fanfarrias que lanzó al vuelo al plantearse la estrategia, se raja cuando en otros países se avanza a pasos gigantes.

Así, por ejemplo, en España el Ministerio de Salud acaba de restringir los productos que se expiden vía maquinas o quioscos en los centros escolares, dejando de lado frituras, refrescos con o sin calorías, y pastelitos.

A su vez, en Brasil el gobierno acaba de ordenar que los productos con alto contenido de calorías coloquen en sus envases una leyenda advirtiendo los riesgos a la salud por consumirlos.

Lo cierto es que en el escenario de la reversa lanzada por el gobierno está una llamada de la Casa Blanca en que se defendió bizarramente a la marca más emblemática en ese país: Coca Cola, de lo que se consideraba una agresión.

Se rajó el gobierno.







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